PARTIDO DEL MARTES 16 DE AGOSTO DE 2022
Hoy estaba re contento porque a la tarde fui a tomar un cafecito a Pertutti con una chica re linda y re copada y me pedí un tiramisú que estaba riquísimo; sin embargo, al ingresar a Megatlón a jugar las cosas no salieron del todo bien.
Mi equipo era bueno y competitivo pero nunca entendí el motivo por el cual ganábamos y salíamos, perdíamos y... ¡salíamos de nuevo! Eso me desconcertó un poco, y estuve medio triste, deprimido, desorientado, sin motivos para vivir... como bola sin manija. Bueno, capaz estoy exagerando un poco pero algo de eso creo que sentí.
Al término de los partidos me fui a comprar dos quilos de papas y en el camino me encontré con un monje zen que me dijo: "purrete, largá lo que te pesa". Lo de "purrete" me pareció medio extraño, pero después el tipo me aclaró que era taiwanés por parte de madre pero que su padre era porteño y re tanguero. La cuestión es que le hice caso, tiré la bolsa de papas al suelo, me fui a comprar un litro de vino y acá estoy, escribiendo esta crónica mientras bebo cada tanto un poco de malbec.
Te preguntarás a qué viene toda esta introducción que no tiene pies ni cabeza ni torso y apenas algo de hombros: ocurre que Franche me dijo que metiera una frase en particular en el cuerpo del relato, y como no sabía cómo meterla hice lo que pude y quedó así.
Como estoy sin ganas de escribir te cuento un poco cómo fue el partido: hubo saque, recepción, algunos tiros fueron desviados y otros por suerte entraron. La pibita linda esa que juega bien y que me da bronca no vino, y tampoco cerveza, y su madre Karina también se ausentó. El cordobés sigue en su casa tomando fernet, y Pedro estuvo más contento porque volvió Mía, que viene a ser el amor de su vida.
Mica estuvo un poco desconcentrada y Nico por momentos se vistió de héroe porque su equipo alternó buenas y malas, aunque más malas que buenas. No quiero decir que las victorias se debieron a Nico, porque sería injusto con los demás: se trata de un juego de equipo, bien lo sabemos. Sólo digo que tuvo una influencia positiva en la suerte de su team. No digo más, pero tampoco digo menos. Sólo digo lo justo, porque soy el hijo de Zeus.
Sé perfectamente que esta crónica es re perezosa, pero es lo que salió hoy.
Agustín El Titán de Quilmes ni vino, ni llamó, ni avisó, ni le importó, ni celebró, ni musculó, y todas cosas terminadas en la letra "ó" con tilde. Su madre y su hermana también dijeron ausente.
Les mando un abrazo de gol a todos y les pido que traten de ser felices, porque el día de mañana nuestro destino es el olvido pero hoy estamos vivos y la vida a veces es alta garcha pero otras veces está más buena que comer tiramisú. Los quiere,
Rodrigo, "El hijo de Zeus".

Comentarios
Publicar un comentario